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No somos tan racionales como creemos.

Por: Jaime Unda McFarlane.


¿Se imagina si usted tuviera que gastar mucho tiempo pensando si tiene que esquivar un hueco mientras está caminando por una ciudad como Bogotá? ¿O se imagina que tuviera que dedicarle tiempo a valorar si, según lo que han mostrado los últimos estudios, usted en su desayuno debería comer un banano, 70 gramos de papaya, o un huevo duro? No suena como la forma más eficiente de tomar decisiones diariamente.



El cerebro humano no se desarrolló para usar gran parte de su energía en procesos racionales y llegar a conclusiones sobre cada uno de los eventos de nuestro día a día. Por ejemplo, no necesitamos gastar horas de cálculos mentales, esfuerzo cognitivo y energía en determinar que un alimento podrido nos puede hacer daño, simplemente nuestro cerebro reacciona ante algunos estímulos (como el olor o cómo se ve) para avisarnos que, si lo consumimos, probablemente nos hará daño.


Por fortuna existe el sistema UNO. En psicología cognitiva desde hace algunas décadas se ha establecido el modelo de los dos sistemas de pensamiento, explicado a través de experiencias, experimentos y ejemplos en el libro de Daniel Kahneman “Pensar Rápido, Pensar Despacio”. Este libro, en parte, se estableció como la base de lo que hoy conocemos como Economía Conductual y contribuye en gran manera a las Ciencias del Comportamiento. Plantea que los seres humanos tenemos dos sistemas que actúan en determinados momentos para ayudarnos a tomar decisiones más acertadas y optimizar nuestro comportamiento. Por ejemplo, si tenemos que hacer la suma 2+2, el cerebro instantáneamente da una respuesta automática, sin mucho procesamiento, para llegar a la conclusión de que la respuesta es 4. Ese es el sistema 1, que hace un procesamiento más automático, menos reflexivo y más influenciado por las emociones. Si, en cambio, se le pide a la persona que piense en cuántas veces hizo ejercicio la semana pasada, a menos de que sea una persona que evita el esfuerzo físico, tendrá que recurrir a su memoria, reconocer qué eventos se pueden asumir como ejercicio y contar el número de veces que realizó esta actividad. Aquí puso en marcha el sistema DOS, un sistema más reflexivo que procura llegar a conclusiones a través de un análisis más profundo y minucioso de la situación.



No necesitamos involucrar al sistema 2 en cada una de las decisiones que tomamos en el día. No necesitamos un análisis profundo para saber que no sería beneficioso comernos algo podrido, enfrentar una manada de perros rabiosos sin ningún arma o saltar de un avión sin un paracaídas. Pero ¿qué pasa si utilizamos el sistema 1 cuando en realidad necesitamos pensar con mayor detenimiento? Ese es un interrogante que las ciencias del comportamiento han solucionado y que hoy en día se encargan de contrarrestar a través de más investigación y desarrollo de estrategias. La respuesta es la siguiente: cuando el cerebro utiliza el sistema 1 usualmente está recurriendo a atajos, que se denominan “heurísticas”, conclusiones automáticas (obtenidas a través de la experiencia, práctica, aprendizajes y evolución) de “si x, entonces y”, si me monto a la bicicleta, yo pedaleo. Cuando usamos heurísticas de manera inadecuada (si me monto a la moto, yo pedaleo), incurrimos en lo que se denominan “sesgos”. Estos sesgos son prevalentes en todas las áreas de nuestras vidas, desde nuestra vida personal, nuestras relaciones hasta nuestro trabajo. Las organizaciones, por supuesto, no se salvan. Existen sesgos grupales que impiden el correcto proceso en la toma de decisiones. Incluso explican problemas como discriminación y contratación sesgada. En aspectos más globales, estos sesgos explican conflictos intergrupales, racismo y polarización política.


Por eso, cuando esté pensando en su candidato, el partido político, su comportamiento con respecto a un partido de fútbol, u otra situación en la que se sienta pasional, sepa que su sistema 1 está tratando de influenciarlo. Lo mejor, lo que deberíamos hacer todos, es involucrar nuestro sistema 2, las decisiones más importantes requieren nuestra dedicación.


Referencias:

  • Kahneman, D. (2011). Thinking, fast and slow. Farrar, Straus and Giroux.

  • Tversky, A., & Kahneman, D. (1974). Judgment under uncertainty: Heuristics and biases. science, 185(4157), 1124-1131.

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